Hay días en los que las preguntas no vienen de la mente, sino del alma.
Hoy me pregunto:
¿Se puede vivir sin buscar validación externa… y al mismo tiempo desear ser visto?
Parece una contradicción. Pero ¿y si no lo fuera?
Definiendo la raíz
Para mí, validación externa es el deseo de ser querido y admirado por los demás.
- Ser querido, en mi visión, es que alguien desee lo mejor para mí de forma incondicional.
- Ser admirado, es que alguien reconozca cualidades en mí que desea despertar en sí mismo.
No son lo mismo.
Lo primero nace del corazón.
Lo segundo, de la mente.
Ambos son naturales. Y humanos.
La paradoja interna
Aquí me encuentro con una tensión interna:
Por un lado, deseo ser querido y visto, como parte de mi naturaleza humana.
Por otro, quiero ser auténtico, libre del juicio ajeno, fiel a lo que verdaderamente siento y pienso.
Y sin embargo, negar ese deseo sería una forma de falsedad espiritual.
Negar que quiero ser visto es traicionar una parte de mí.
La clave entonces no es eliminar el deseo, sino honrarlo sin dejar que me domine.
Usarlo como canal, no como ancla.
El impacto… ¿para quién?
Me pregunté:
¿Por qué quiero generar impacto positivo en los demás?
La respuesta honesta:
Para sentirme útil. Para disfrutar. Para recibir amor. Para ser admirado.
Lo reconozco.
A veces, amo desinteresadamente.
Otras, me muevo desde el ego.
Ambos existen. Y está bien.
Lo importante es darme cuenta desde dónde actúo.
La expresión como necesidad del alma
Descubrí que mi expresión no depende del resultado.
Es como bailar solo en mi habitación:
No lo hago para que me miren.
Lo hago porque si no lo hago, me muero por dentro.
Escribo, creo, hablo, comparto…
Porque no puedo no hacerlo.
Y si alguien se transforma con ello, bienvenido.
Pero no es la causa, es el efecto.
Amar sin condiciones, reconocer sin exigencias
Vi que cuando me admiro pero no me quiero, soy una barca de papel en medio del océano.
Cuando no cumplo mis estándares, me hundo.
El amor propio, la compasión, son lo que me sostienen.
Y también comprendí algo más sutil:
Puedo amarme por existir…
pero necesito también reconocerme por lo que soy y lo que he hecho.
El amor me da raíz.
El reconocimiento, dirección.
Mi síntesis
Sí.
Se puede vivir sin buscar validación externa.
Pero no negando el deseo de ser visto,
sino redefiniendo desde dónde lo vivo.
Hoy entiendo que:
- Mi autenticidad no está reñida con mi deseo de ser querido.
- Mi expresión no depende del aplauso.
- Mi impacto real nace cuando me muestro tal como soy, incluso si nadie aplaude.
Porque la verdadera libertad es seguir siendo tú, incluso cuando no eres visto.
Y curiosamente…
es ahí donde más brillas.
¿Te resuena?
¿Desde dónde estás buscando ser visto hoy?
Te leo.
Jesús Ramoneda